Bohemio como el cristal


Te veo brillar noche a noche

en mi lámpara giratoria de cristal,

en tu pecho albergas un corazón

de los que sólo nacieron para triunfar.

*

Del conjunto ambiguo de los  poetas pobres

de la celebridad de las variadas sonrisas

cuando cada mañana con tu prisa

te posas en una ventana besando a las flores.

*

En tus vicios te escondes

siendo el poeta sabio

siendo el hombre noble

tiras los dados al mundo

eres el amor de los amores.

*

Nadie conoce tu historia

la olvidas muy a menudo

entre secas copas de vino

entre mojadas sábanas

que te ofrece el camino.

*

Aún vibras en  juventud

entre tus sombras gravita una luz

añoro ser el manantial

que le de brillo al cristal

tu amor bohemio

es un placer celestial.

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El espejo de tus ojos


Hoy es uno de esos días en los que me cuesta respirar. La fuerza de mi migraña vuela en bandada. El frío punzante agoniza en mi pecho, quiere descansar.

Miro a través del cristal de mi ventana una luz tenue que se niega a entrar. Le teme al abismal vacío que habita en mi alcoba. Negras sombras se dispersan ante la presencia de una esquirla de sol.

Suspiro una y mil veces, con la mirada enfocada al vacío. Las más tristes remembranzas vagan en mi mente, como fotografías borradas por los años.

Insistentemente se repite una imagen, como una película antigua proyectada de forma repetitiva. Veo la imagen de tu rostro, dibujada entre estelas de melancolía. Con esa mirada tan transparente de las aguas vírgenes, que rodean las islas no descubiertas.

Sin embargo, mi razón dice desconocer ese rostro. Lo traigo nuevamente a mi mente y noto una diferencia: su sonrisa borrada producto de mis razonamientos. Sus hermosos ojos se mantienen igual, adornados con un rayo de tristeza, de esos que empañan el cristal sin robarle su belleza.

Mi sueño alguna vez fue dibujarlo, lentamente para no equivocarme. Hoy siento que borro sus trazos,  pero esa tu mirada se niega a desaparecer. Sabe que es el único punto,  donde se refleja la verdad que esconden dos almas.

Sueños de una rosa


Ella plantada desde muy pequeña

en el centro del jardín

despertó una mañana

con el arruyo del sol

asomándose desde el centro del capullo

alzó sus tersas y largas manos

para estirarse

por primera vez suspiró.

*

El,  el príncipe del amor

jamás cultivó belleza igual

la miraba lleno de asombro

con sus grandes ojos

fascinado por sus pétalos rubí

no dejaba de cantarle

ella crecía al ritmo de su melodía.

*

Risas y tertulias eternas

tardes embriagantes

noches contemplativas

alegres despertares

perfumes exóticos

pensamientos eróticos.

*

Cansada de la rutina

ella lo despreció

él preocupado y asustado

una idea maquinó

quiso por primera vez

hacerle el amor.

*

Tomados de las manos

él la abrazó

ella lo apretó a su pecho

luego lo besó

con sus cuatro espinas

la piel le desgarró

esa noche en el jardín

nació el amor.

Hoy no estás


Hoy es uno de esos días

donde mis palabras flotan llenas de nada

Aparece nueva gente en mi camino

para escuchar las mismas palabras.

*

Quizás hoy no es  el día

ni la hora indicada

quizás  somos el resultado de un logaritmo perdido en el tiempo

quizás nunca fuimos  eso que creímos.

*

Hoy es el día de los silencios eternos

de los versos lastimosos

hoy se profanan las urnas más sagradas

llegará el día donde resucitarán los recuerdos

para vagar en  pensamientos como fantasmas.

*

Hoy vi al espejo mis ojeras acentuadas

es el resultado de largas veladas

ya no las maquillo

forman parte de mi atuendo.

*

Ven, dame tu mano de hielo

ya no la siento, mi alma luce hoy congelada

escarchas salen por mi boca

acompaña hoy a mi silencio.

*

Hoy no es un día común

tampoco un día normal

es un día vacío

donde tu ya no estás.

La Sombra de mi ventana


Por mucho tiempo fui la primogénita de mi familia, por lo tanto no tuve que compartir un cuarto con hermanos. Siempre creí ser la estrella de mi hogar.

Me acostumbraron a dormir contándome cuentos. A los cinco años ya estaba harta de “cenicienta”, “la dama y el vagabundo”, “blancanieves”…

Desde muy pequeña siempre me caracterizó una filosa curiosidad. Existía un motivo por el cual me corrían del cuarto de mis padres a ciertas horas de la noche. Ese electrónico aparato que alumbraba fuertemente con su pantalla. Mi feroz enemigo.

Un día decidí ir a gatas hasta ubicarme debajo de la cama de mis padres. Mis ojos vieron por primera vez con asombro, la salida de ese espeluznante hombre con malévolas alas y colmillos filosos del fondo de un ataúd. No podía apartar mi vista de esas imágenes, donde ávidamente desangraba sus víctimas, amordazando  sus cuellos. Cuadros febriles que siempre vivirán en mi memoria.

A partir de entonces, comencé a ver la obscura sombra que se asomaba a mi ventana e insistentemente me llamaba. No obstante, mi obsesión por los libros continuaba. Una tarde le dije a mi padre:

– Papá, ya soy una mujer! desde los cinco años se leer…

– Cómprame cuentos de terror!

– Hija, apenas tienes siete.

– Pero ya sé leer, insistí.

Esta afirmación fué suficiente. A la siguiente mañana, camino a la librería estaba. Por enésima vez su talón de aquiles falseaba. Pero me advirtió:

– Los libros los escojo yo!

Afirmé solo con mi cabeza. Entré desesperada, sin ni siquiera saludar. Buscaba imágenes que en mi mente fantaseaba. Admirada y extasiada le comenté:

– Papi, estos son los que quiero!

Una colección de Alfred Hitchcock señalaba. Mi padre para evitar episodios que le avergorzaran de  “típica niña mimada” , aceptó.

A partir de ese día no quise que nadie más me leyera, encerrada leía sobre mi cama. Algunos de ellos fueron: Extraños en un tren, yo confieso, el hombre equivocado, los pájaros, la ventana indiscreta, llamada fatal.

Días emocionantes, noches eternas con espectros de sombras que entraban por la ventana para bailar en la pared. Espantapájaros, criaturas horrendas, bestias salvajes, monstruos aterradores. No se apartaban de mi vista, ni con mi rezar repetitivo.

Aburrida del afamado escritor,  conocí a Agatha Christie, mi nueva obsesión. Pero ya tenía diez!

Cada vez que la noche llegaba y las sombras se reflejaban en mi ventana, con mi cobija a cuadros me tapaba de la cabeza a los pies.


Miedos


Cuando en la vida abundan las contrariedades…

Cuando cada sueño me lleva a una obra.

Cuando me doy cuenta que mientras más conozco,  más me falta por conocer…

Cuando me doy cuenta de que toda una vida no será suficiente.

Cuando me doy cuenta de que no existen las pesadillas,  sino las tragedias. Y cada una te deja una moraleja.

Cuando enfrentas a tus miedos y los conviertes en retos.

Cuando no quiero escribir, escribo.

El vuelo de la oruga


Frustrada y ensimismada

se desplazaba la oruga por la oscuridad

con sus ojos de herradura

lamentaba su fealdad

*

Se ocultaba de la burla de las avispas

de las libélulas y de las abejas

quienes todas las tardes se exhibían

con sus parejas

*

Una mañana en su delirio

planificó hasta el suicidio

tomó una soga de seda fina

pidió perdón a su familia

*

Subió a una rama

la más hermosa y elevada

rezó un padre nuestro

cerró los ojos muy asustada

*

Se dejó caer con mucha fuerza al infinito

dando vueltas sobre su cuerpo

pendió de un hilo

no se oyó ningún grito

*

Abrió los ojos preocupada

al no sentir nada

miró hacia abajo aún con dudas

sintiéndose encerrada

*

Pasaron muchos días

ella inmóvil se mantenía

una crisálida de suave seda

la envolvía

*

Las vacaciones que aún la oruga desconocía

se convirtieron en un proceso

de algarabía

metamorfosis acelerada ella sufría

*

La pobre nena en su  pupa

ya no cabía

de un suspiro rompió la tela

que la cubría

*

Una criatura de bellas alas

reaparecía

tomo su vuelo acelerado

se sentía viva

*

Por mucho tiempo fue la estrella de los festejos

sin faltar los galanes en el cortejo

por muchos años sería la envidia

de su amigas y conocidas

*