Viajando entre mundos


Luego de vivir tres meses en un mundo de 140 caracteres, me dí cuenta que era insuficiente para expresar mis razonamientos sin sentido. Quizás porque vivo a un ritmo excesivamente complicado, escribo a la velocidad de la luz y mis apariciones son fugaces como las estrellas.

Mi historia se remonta a aquellos lugares que nadie se atrevería a visitar, con seres mitológicos de varias culturas. Algunos adorables otros detestables. Por mucho tiempo viví en el inframundo bajo la protección de Hades, quién robó alguna vez mi alma cuando fui la musa del “jardín de los deseos”. Aún extraño a mis amadas flores.

Un día decidí salir a escondidas. Me atormentaba la idea de que existía vida en otros mundos. Mis pétalos se transformaron en brillantes alas y volé sin parar. Vi de frente al sol, sentí en mi rostro su esplendor.

Visité planetas exuberantes: Neptuno, Martes, Plutón, inclusive el B-612.  Hades nunca me habló de ellos, siempre tuve ojos para él y el ojos para todas. Me detuve en un punto donde desde lejos ví dos piedras brillar, eran dos ojos dorados de un ser especial. Bajé sin controlar mi vuelo,  golpéandome fuertemente contra la hierba. No supe de mí.

Desperté bruscamente al sentir su respiración. Él me miraba extasiado, me sentía algo extraña y a la vez asustada. El hielo se rompió cuando el sonrió. Yo miraba insistentemente los cristales dorados insertados en su rostro y su tierna sonrisa.

Ese fue solo el comienzo de mi nueva vida, cuando recuperé mi alma y volví  a nacer.

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