Desmemoriada


Pasé gran parte de mi vida conjugando verbos, comencé en regresivo desde de la ¨ Z¨´ hasta la ¨A¨. Al llegar al verbo amar,  no pude evitar adentrarme en un túnel excavado, al final de mi memoria.

Aquella tarde se desencadenó mi patología,  mi cuerpo se convirtió en una inconcebible máquina de suspiros. De tanto  suspirar, mis pulmones de insuflaron del monóxido de la calcinada ciudad en llamas. Colapsé y mi cabeza bailó por diez minutos un extraño vals, producto del vértigo.

Fugaces alucinaciones iluminaban la parte frontal de mi masa encefálica, mis hemisferios flotaban en un mar de eleva, desplazándose de norte a sur y viceversa.

Desperté entre quejidos y la realidad se reflejaba en un punto medio, en una imagen de ambliopía. Con el ojo derecho veía una distorsión del crudo presente, con el ojo izquierdo imágenes de un tortuoso pasado: sábanas, labios, besos, cartas borrosas.

Mi piel cambió de color, reflejaba el arcoiris.  Me miré al espejo, observé mis pupilas rotativas y con gran asombro pude apreciar, la imagen de un hermoso camaleón.

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