Hacia el frío.


Contando los días. Planificando los sueños. Este año mis voces internas señalan el frío. El año pasado pidieron mar.

En Diciembre no me permito lujos.  Me regalo cada año, unas merecidas vacaciones.

Abandonar la realidad por algunos días. Congelar mi mente para verla reposar, ajena al mundo.

Varios años sin visitar Mérida. Puedo sentir en mis manos la textura de los frailejones. Todavía recuerdo aquel ramo,  cuando hice mi primer viaje.  Fue en la plaza principal. Un andino de mejillas rosadas por el frío, me recitó un hermoso poema. Me obsequió simétrico bouquet con exuberantes violetas y una hoja rayada que contenía un acróstico con mi nombre. Sonrió y en medio de la noche desapareció.

Posteriormente tuve otras visitas, pero muy atareadas, agitadas, donde no hubo cabida para esa contemplación que me da la paz.

Amo al frío que regalan los páramos, el jugo de las fresas, el ácido de las moras, el miche, el licor de frutas.  El olor a madera de las tranquilas cabañas. Encender la chimenea, sin importar el olor a ceniza. Meter mis pies denudos en los afluentes del Torbes, del Chama. Ríos que te congelan el ser.

Respirar el aroma de las más bellas rosas de mi país, recorrer colinas a caballo. Pescar truchas. Mirar mis uñas moradas por el frío, mis labios exhalando toda esa niebla que pinta los atardeceres, las largas caminatas, la fatiga y el vértigo que me regala el frío.

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Yo no sé.


Yo no sé quien eres,

si un capricho sin nombre

o un arrebato del viento.

Yo no sé cuando comenzaste a ser

si por un juego de palabras

o por  palabras que penetraron en mi ser.

Yo nunca sabré lo que tú quieres que sepa,

por no hablarlo lo sobreentendemos

y por sobreentenderlo lo ocultamos.

Yo no sé hablar en otro idioma

que no sea el de los sueños.

Es la única forma

en la que me enseñaste a amar.

Así,

puedo idealizar

puedo volar

puedo escapar

como las gaviotas

que viven en el mar.

Nuestra noche


Nació con una  fuerte contracción

el día que vimos morir el atardecer.

Fue procreada por la luna

en aquel invierno cuando  se bañó desnuda

y desafió a los astros con  su redondez.

Frente a la luz del sol inclina la mirada

porque sabe que él no tendrá clemencia

su magna presencia la convierte en ausencia.

Ella  pinta nuestros ojos en azules

con su fría caída desata nuestros amoríos

con un delicado soplido

transforma nuestro hielo

en un amasijo de carne y huesos.

Ella construyó una morada en el silencio

le contó a las estrellas sobre nosotros

en sus horas insomnes

se dedica a escribir nuestra historia.

TU


Tú.

Lo fatal.

Lo necesario.

El aire que da vida a mis penas.

La sombra que ilumina mis noches.

La brisa que deshoja las azucenas.

El amanecer en la boca prohibida.

El aguijón que entumece mi lengua.

La espuma que se esparce al romper la ola.

El tiempo que se llevó la espera.

La cuerda que anudó mi garganta.

La humedad que brota de la grieta.

El rayo de luz que cruza la niebla.

La gota que pende en el embudo.

El grito que se perdió en el silencio.

La felicidad en el exilio.

La soledad convertida en compañera.

 

 

 

 

 

Laberinto



Mallas de plata y piedra caliza

son las paredes que frenan tu prisa

penetrar sus profundidades

siguiendo el eco que entona la brisa.

*

Baila en espiral hermosa paloma

entre giros y encantos tu desnudez se asoma

tus huellas salpicadas de mosaicos retoma

quiere descubrir el  misterio que encierra tu aroma.

*

Ella su camino, su encrucijada

recorrer lentamente su morada sagrada

se deja caer por el peso de su mirada

morir  en los brazos de su diosa alada.

 

 

 

 

 

 

Mi payasito


Desde niña siempre fui adicta a todos los programas de payasos.  Inicié mi vicio por con el internacional Cepillín, esperaba ansiosa las cuatro de la tarde para comenzar a cantar y reír.

Posteriormente en mi país fueron apareciendo un sin múmero de payasos entre los más populares  figuraban: Popi, Juan Corazón, las payasitas Ni Fú Ni Fa. Cada uno con su estilo en el vestuario y sus canciones pegajosas,  las cuales aprendíamos con facilidad, al igual que sus originales bailes.

El Chapulín colorado fue algo fuera de lo común  en mi infancia,  con su ¨chipote chillón¨ y la inolvidable frase: ¨No contabas con mi astucia¨.

Nunca faltaron en casa, nuestras visitas a los mejores circos. Ellos instalaban sus exuberantes carpas en diferentes estados del país. Visitar a un circo, era para mí  lo más grandioso  que podía existir.  Con tan sólo dos horas de función me sentía la niña más feliz del mundo.

Al llegar a la adolescencia, nada  de esto cambió. Continuaba visitando los circos. Tenía un afecto especial por el circo de ¨Los Valentinos¨ . Allí me divertía con las funciones de Valentino, Juan, Polito y el resto del elenco de payasos. Crecí con ellos y tengo un gran número de fotos con mis payasos consentidos. La más reciente es del año pasado. Ellos  continúan divirtiendo a niños y adultos,  apoyando causas nobles, como fundaciones, con excelentes tarifas para los niños de los colegios públicos.

Volviendo a mi adolescencia, como regalo de 15 años pedí un enorme payasito sentado en una base rotatoria musical. Era  de cuerda, con tres canciones contínuas. Lo miraba girar y girar con su traje de raso  en colores llamativos, hasta quedarme dormida con mi nostálgica ¨Canción para Elisa¨. A veces sentía que me miraba y que su sonrisa era real.

A medida que iba creciendo, me avergonzaba y pensé en regalarlo a un niño más pequeño que lo supiese apreciar. Ya tenía 17 años e iba rumbo a la universidad.

Esa noche sentí mucho miedo. Era como si él presintiera la cruel realidad. Sentía el peso de su mirada. Su odio encarnecido. Una gran tristeza, invadió mi alma.

Me quedé dormida como de costumbre y desperté a la mañana siguiente con una horrible pesadilla. Mi gran sorpresa fué al percatarme que él no estaba. Lo busqué por toda la casa, en la habitación de mis padres, en la de mis hermanos, sin efecto. Nadie lo vio, nadie supo de él. Incluso nadie me creyó, sino hasta ahora.

Aún pienso que ante la traición decidió irse. No pierdo la esperanza de que algún día regrese, de la misma forma en la que huyó de mí. Lo lloré y extrañé como si se tratase de un humano. Algo que todavía sigo sin entender.

Hoy mi afición se mantiene, busco mi payaso perdido en la virtualidad.  Es una forma de compensar la pérdida de un amor platónico, un amor que durará por la eternidad.