Amor de sal


Tu nunca amaste el mar

pues siempre lo llevaste en tus ojos.

Tu nunca amaste al mar

hasta que sentiste en tu garganta

una opresión llamada sed.

Aquella tarde de la traición,

llegaste empapado de agua dulce.

Comprendí que el mundo

no sólo era de sal.

¿Cuántos romances

perdidos en las espumantes olas?

Tu nunca extrañaste el mar

pues siempre me tuviste.

Una noche regresaste

sin anunciarte,

pretendías mis azules.

Mi sal endulzó nuevamente

los labios de aquella gaviota perdida.

Perdida


Luego de regresar de ese largo túnel gris, me encuentro aquí, enclavada en mi silla. Con la mirada perdida, contemplando mi pequeño universo.

Solía cuestionar a la vida constantemente.  Hoy  puedo admitir con propiedad, que nuestro futuro está escrito. Muchas veces incierto, muchas veces  injusto, muchas veces con un propósito.

He dejado de creer en la casualidades, para creer en las señales. Esas de las cuales hacemos caso omiso, por creernos omnipotentes y dueños de nuestras vidas.

En el medio de la tormenta, muchos nos hacemos creyentes.

Cuando ves que la vida se apaga. Cuando sientes que tu cuerpo encierra la fragilidad de una botella.Cuando todo se escapa de tus manos. No tienes otra elección. Creer.

Aún mi mente se encuentra en esa fase confusa.

Fueron ocho días de debatir contra la muerte. Ocho días de angustia. Ocho días de aprendizaje. Ocho días donde sentí el amor de esas personas tan cercanas a mi, que nunca me abandonaron.

Por ellos luché, por ellos sigo aquí.

Hoy, agradezco inmensamente a Dios, por esta nueva oportunidad. También a la vida por haberme dado tanto.

Piedra de agua


La piedra nunca fue piedra

estaba abierta y de ella brotaba agua.

En la roca del mar nunca hubo sequía

siempre rodeada de humedad.

La piedra siempre fue su credo

sobre ella edificó su mundo.

La roca como signo de sencillez

su dureza era tan fuerte  como su sabiduría.

Era de piedra y no de barro

aún no se atrevía a soplarle para darle vida.

La piedra llora y nadie la escucha

sólo el viento conoce su duelo.

Su cielo no era de nubes

siempre fue de rocas.

Entre las piedras se filtraban

los haces de luz del alba

para recordarle que todavía seguía viva.

La piedra del mar siempre fue diferente

tenía consistencia

tenía textura.

La colocó en sus labios

conoció la sal

conoció la esencia de la vida.

Le sacó música a las piedras

con sus dedos de agua.

La piedra yace sobre su sueño de agua

mientras el mar la cubre de espuma.