Vestida de azucena


Vestida de azucena

a las afueras del jardín

sus manos de enredadera

abrazaban su existir.

Henchida de dolor

esa tarde le vio partir.

Una daga bañada en sangre

traspasó su pecho de marfil.

Ya no cantan los ruiseñores

ya no vuela el colibrí.

Su vestido iluminado

se ha tornado gris.

Una corona de orquídeas

irradia su cabello cenizo.

Una sonrisa marchita

anuncia su oscuro devenir.

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