Amor de sal


Tu nunca amaste el mar

pues siempre lo llevaste en tus ojos.

Tu nunca amaste al mar

hasta que sentiste en tu garganta

una opresión llamada sed.

Aquella tarde de la traición,

llegaste empapado de agua dulce.

Comprendí que el mundo

no sólo era de sal.

¿Cuántos romances

perdidos en las espumantes olas?

Tu nunca extrañaste el mar

pues siempre me tuviste.

Una noche regresaste

sin anunciarte,

pretendías mis azules.

Mi sal endulzó nuevamente

los labios de aquella gaviota perdida.

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