Tiempo


 

Los años pasan rápidamente. Se fragmentan inevitablemente en días,  horas, minutos, segundos.

Sin darnos cuenta, el tiempo se convierte en huracán. Vientos en espiral que azotan la vida. Elevan el alma. De allí nace el instante. El que no alcanzamos a medir. El que disfrutamos adormecidos en cada sueño.  En la palabra que mana del pensamiento y se endulza en los labios.

Soñar en verdes,  adosada a un tallo, enroscada a un mundo imaginario. Despertar con el sol. Conversar con el musgo. Escuchar el canto de las aves. Llegar a ser uva una vez al año y vino por el resto de mis días.

Ser la vida, la vid. La nube que en grises se derrama para vernos florecer. El principio y el fin. Nunca será tarde, mientras seamos dichosos en nuestro mundo. A veces es tan simple que cabe en una gota, pero no deja de ser hermoso.

Me preguntó: – ¿Quién eres? Le respondí: – Soy la viña de tus ojos.

 

 

 

 

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