Mi único camino


Una tarde decidí mudarme a la tierra de nadie. Donde el frío y la nostalgia habitaban desde siempre. En el día me escurría entre grietas. Perdí el hábito de conversar con mi sombra. Callé por noches enteras.

Ahí descubrí, que  las creaciones del hombre son sólo inventos para justificar la soledad.

Olvidé el sentir, me dediqué a ser hoja y piedra a la vez.

Al ser piedra, se me acercó un enorme animal. Me observó detalladamente y con desprecio, me lanzó al mar. Conocí su infinidad, su humedad. Pude darme cuenta de que no estaba seca.

Al ser hoja, él apareció de nuevo. Me tomó con sus enormes garras rudimentarias y me lanzó al viento. Experimenté el vuelo, el levitar sin ser luna.  Sin ser ave.

Aprendí, que las cosas no se valoran por su peso. Que podemos volar y luego caer o viceversa.

Que nuestra tristeza puede ser el consuelo de otros.

Nunca me importará que seas aire, o mar, o tierra o fuego. Porque para mí,  siempre serás único en el mundo.

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