Pared


Lo que algún día fue una gran pared de cristal, hoy se desprende gota a gota. Todos se recostaban a ella. Su propia familia, sus amigos, el amor. Todos fueron marcando huellas profundas, que poco a poco se convirtieron en fisuras.

Un día de lluvia, la pared fue envestida por la fuerza de un rayo. En segundos se abrió en dos. Su mundo quedó dividido.

De ahí, comenzó a desplomarse.  Perdió su integridad. Experimentó el dolor. La pérdida. Sus lágrimas comenzaron a correr como gotas de rocío. Cada una  de ellas contaba una historia vivida en su mundo. Un mundo secreto que ella reserva con recelo.

Ella nunca pidió compasión. Ella exigía comprensión. Cada noche se preguntaba en sus adentros: ¿ Si no hay comprensión para qué queremos el amor?

Ella no desea larga vida. Ella añora momentos cálidos. Miradas reconfortantes.

Desde hace  mucho tiempo la primavera se marchó de su sonrisa. Vive en inviernos inmóviles. Cuando se quebranta, la visita el otoño. Se deshoja en bronces y cobrizos. Vuela como las hojas al final de un callejón, donde se concentra el viento.

Sus días de angustia vuelven a llegar. Se convierte en una nevada de agonía. Se deshiela con el sol. Se derrama en lágrimas de plata. Ha dejado de ser pared.

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