Enramada


Encontrémonos en la enramada

más allá del viento

más allá del alba.

Y tus pasos

esos que anuncian tu llegada

entre las hojas secas

entre el vibrar del alma.

Ahí, nuestras manos fugitivas

ya conocen el camino

donde encontramos el placer

y perdemos la mirada.

 

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Ciudad


Se desplazaba lentamente al ritmo de su osamenta. Sus pronunciados rasgos, rompían cualquier armonía que pudiese existir con el  entorno.

Su camisa desteñida y su bufanda llena de agujeros, apenas le protegían del frío.  El cansancio usual se reflejaba en sus negras ojeras.

La calle vacía, el sonido del viento y el canto de un grillo, conformaban el patético paisaje de la ciudad de nadie.

Su mano temblorosa, buscaba el bolsillo descosido de su camisa. Media caja de cigarrillos y un par de fósforos conformaban sus pertenencias.

Se dejó caer sobre un banco de madera. Observó los  nombres grabados, las consignas de amor adornadas por corazones y aquellas memorables fechas, con una sonrisa a medio terminar. Encendió un cigarro, inhalando fuertemente, desafiando su capacidad pulmonar. Al exhalar el humo cerró suavemente los ojos.

La recordó como el primer día, cuando en ese mismo banco, a la misma hora, ella se acercó con su vestido de lunares,  sus zapatos de charol y su cabellera rojiza diciéndole: -¿Me permites un cigarrillo?.

En el verano del año 69, todavía aquel lugar podía llamarse ciudad.

La espera.


 

 

Con las piernas cruzadas y las manos manchadas de tinta, se dedicó a esperar.

Mientras lo esperaba, construyó un mundo de papel. Un mundo con una ciudad imaginaria, donde las horas corrían a su antojo y el tiempo nunca fue un factor limitante.

Escribía sin parar. Disfrutaba sus incoherencias. La espera se hacía cada vez más gratificante.

La ciudad crecía.  Se poblaba de monstruos imaginarios. De jardines interminables, llenos de voces.  Sí, como un canto a la naturaleza se confundían los sonidos que emitían las flores, las hormigas y el murmullo de esas criaturas que nunca se atrevió a mencionar.

Edificios de hojas que se disponían ordenadamente, una sobre otra. Ahí, el viento no se revelaba. La calles de piedra, murmuraban al ser pisadas. El olor a madera circulaba en todos los alrededores. El peso de la humedad se sentía en la piel.

De tanto escribir, olvidó la espera.

Acaeció la tarde del regreso. Él venía contorneado de matices, que lo hacían luminoso. Miró a su alrededor. Su mundo ya no era el mismo. Millones de ojos lo observaban detenidamente. Un ruido ensordecedor lo perturbaba. La risa de las ninfas, el lenguaje de las hadas. El caminar de los unicornios y centauros. El aleteo de las aves y las mariposas.

Caminó incesantemente. Se detenía en cada rincón. El viento ya no transportaba la voz de ella. Se acostó a descansar entre el lodo y la hierba. El rechinar de las piedras no se apartaba de su oído. Sin embargo se quedó dormido.

Al soñarla, ella inmediatamente se hizo presente. No lo reconoció.

Miró hacia su alrededor, contemplando su grandioso mundo. Sin poder recordar, que fue creado en la más dulce de las esperas.

Ella se miró las manos, continuaban llenas de tinta. Cambió de posición al cruzar la pierna izquierda sobre la derecha, para disminuir la molestia del calambre que le impedía continuar escribiendo.

 

Del sueño al mar una mirada



 

El amor es el sueño del que nunca quiero despertar.

Cada vez que lo extraño lo dibujo en sueños pasteles.

En el país de lo sueños la distancia se mide en besos.

Sueño despierta para olvidar que nuestro amor todavía duerme.

Somos el sueño imposible de un futuro de brazos cruzados.

En el pasado fuimos el sueño de un cisne dorado.

Te miro al fondo de mi espejo preguntándome si eres sólo un sueño.

En mis sueños siempre es líquido, al despertar se me evapora.

Abrázame en sueños para olvidar que soy soledad.

Al mirarme con sus ojos de ensueño, me quiebra en mil pedazos

que se transforman en aves  y recorren el universo.

Yo ya no escribo sobre el mar porque el hombre de mis sueños

me arrancó los ojos.

Tus manos


Lentamente se nos va la vida. Entre palabras envueltas en suspiros. Entre sueños sorprendidos, por amaneceres bañados por ausencias. Mirar al espejo y darnos cuenta de que ya no somos los mismos. Mirar hacia adentro sin encontrar la esperanza. Esa esperanza que aún nos mantiene vivos.

Existen vivos sin alma y almas sin vida. Existen pasados que a vivir en las almas se quedan. Matando hasta la última esperanza de vida. Existen manos que de sólo verlas hablan y que al escribir hieren. Existen vidas que  sólo por existir llegan a amarse.

Y tú siempre allí. Como una pintura en movimiento. Como una llama inextinguible. Como una promesa incumplida. Como una nube en mi camino.

Quiero leer tus manos. Ellas me hablarán de tí, sin mencionar palabras. Ellas perdidas en mí, encontraran el camino.

Un beso en la frente es suficiente para borrar el pasado. Un beso en los labios  es necesario para sentir el presente. De los futuros inciertos para que mencionarlos. Son como castillos de arena que destruye la marea a su paso.

Quiero humedecer tus manos, con todos los besos que nos hemos negado. Quiero negarme la soledad por un instante y  sentir en mi existir, el frío de tus manos.

Se me hace imposible


 

 

Se me hace imposible dejar de mirarte.

Se me hace imposible dejar de sentir,

cada vez que te desbordas en mi.

Se me hace imposible dejar de nadar

en las aguas nocturnas de tus ojos negros.

Se me hace imposible dejar de volar,

mientras en un eterno suspiro se me quiebra la voz.

Deja que me alimente de sueños,

de historias,

de poesía…

Al fin y al cabo todas te contienen.

Abárcame y puéblame,

como un solitario continente.

Mientras tu enciendes la llama,

yo me visto de humedad.

Para apagarte mientras te avivo.

Para desmostrarte que aún sentimos.

 

 

 

Eclipse


LLegada la fecha de mi cumpleaños, él me preguntó impaciente:

-¿Qué te gustaría hacer esta noche?

-Quedarme en casa le respondí.

Mirándome con extrañeza me dijo:

-Voy por la cena.

Pasada una hora regresó con una bolsa de comida chatarra, un pequeño ramillete de rosas y una caja envuelta en papel de regalo. Me la entregó con un dulce beso en los labios. Al abrirla: dos gargantillas en cuero negro, una con la imagen de media luna y otra con la mitad de un sol, ambas labradas artesanalmente en plata. Se acercó diciendo:

-A partir de hoy serás mi luna y yo el sol que ilumina tus mañanas…

No pude contener la risa ante semejante ritual. Descubrí mi cuello, apartando el cabello. El se acercó y me colocó el sol.  Quedaba colgando en el medio de mi pecho. De igual forma le coloqué la media luna y le dije en tono juguetón:

-Me gusta como me veo en tu pecho.

-Juntos seremos eclipse, me respondió.

Cenamos entre risas, contando las anécdotas del día. Inquieto, miró el reloj, eran las nueve y quince minutos. Me preguntó:

-¿Y ahora que desea, mi bella luna?

Mirándole a los ojos, sin titubear le dije:

-Baila para mí.

Una carcajada se escuchó en medio de la habitación.

-¿Juntos? , me preguntó riendo.

Con un gesto de negación lo miré.

-Amor, pide lo que quieras, menos eso…

-Tu bien sabes que no soy buen bailarín, continuó.

Giré nuevamente el rostro reprobando su excusa.

Se dirigió a la pared, apagando la luz. Lo seguí, encendiéndola nuevamente.

-Por lo que veo, no me queda de otra, me dijo pensativo.

Le sonreí y encendí mi pequeño equipo de música.El sonido del saxo, iluminó de inmediato la habitación.

-Voy por dos tragos, me dijo en voz grave.

Regresó con una botella de tinto, de inmediato me sirvió una copa. Brindamos con la mano izquierda. Tomó su copa casi en un solo trago y la colocó  vacía sobre la mesa de noche.

Se puso de pie frente a mí. Yo continuaba saboreando mi copa.En sus ojos pude leer, que  se daba inicio a mi fantasía nocturna.

Él comenzó  su baile. Al principio tímidamente y luego con plena seguridad de que todo lo que hacía me gustaba.

Sus prendas de vestir fueron cayendo una a una sobre la alfombra, mientras bailaba.

Minutos después me dijo al oído:

-Ahora viene la parte, en la recibes el mejor regalo del día.

Lo miré y le respondí:

-Seamos eclipse por esta noche…