Eclipse


LLegada la fecha de mi cumpleaños, él me preguntó impaciente:

-¿Qué te gustaría hacer esta noche?

-Quedarme en casa le respondí.

Mirándome con extrañeza me dijo:

-Voy por la cena.

Pasada una hora regresó con una bolsa de comida chatarra, un pequeño ramillete de rosas y una caja envuelta en papel de regalo. Me la entregó con un dulce beso en los labios. Al abrirla: dos gargantillas en cuero negro, una con la imagen de media luna y otra con la mitad de un sol, ambas labradas artesanalmente en plata. Se acercó diciendo:

-A partir de hoy serás mi luna y yo el sol que ilumina tus mañanas…

No pude contener la risa ante semejante ritual. Descubrí mi cuello, apartando el cabello. El se acercó y me colocó el sol.  Quedaba colgando en el medio de mi pecho. De igual forma le coloqué la media luna y le dije en tono juguetón:

-Me gusta como me veo en tu pecho.

-Juntos seremos eclipse, me respondió.

Cenamos entre risas, contando las anécdotas del día. Inquieto, miró el reloj, eran las nueve y quince minutos. Me preguntó:

-¿Y ahora que desea, mi bella luna?

Mirándole a los ojos, sin titubear le dije:

-Baila para mí.

Una carcajada se escuchó en medio de la habitación.

-¿Juntos? , me preguntó riendo.

Con un gesto de negación lo miré.

-Amor, pide lo que quieras, menos eso…

-Tu bien sabes que no soy buen bailarín, continuó.

Giré nuevamente el rostro reprobando su excusa.

Se dirigió a la pared, apagando la luz. Lo seguí, encendiéndola nuevamente.

-Por lo que veo, no me queda de otra, me dijo pensativo.

Le sonreí y encendí mi pequeño equipo de música.El sonido del saxo, iluminó de inmediato la habitación.

-Voy por dos tragos, me dijo en voz grave.

Regresó con una botella de tinto, de inmediato me sirvió una copa. Brindamos con la mano izquierda. Tomó su copa casi en un solo trago y la colocó  vacía sobre la mesa de noche.

Se puso de pie frente a mí. Yo continuaba saboreando mi copa.En sus ojos pude leer, que  se daba inicio a mi fantasía nocturna.

Él comenzó  su baile. Al principio tímidamente y luego con plena seguridad de que todo lo que hacía me gustaba.

Sus prendas de vestir fueron cayendo una a una sobre la alfombra, mientras bailaba.

Minutos después me dijo al oído:

-Ahora viene la parte, en la recibes el mejor regalo del día.

Lo miré y le respondí:

-Seamos eclipse por esta noche…

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