Ciudad


Se desplazaba lentamente al ritmo de su osamenta. Sus pronunciados rasgos, rompían cualquier armonía que pudiese existir con el  entorno.

Su camisa desteñida y su bufanda llena de agujeros, apenas le protegían del frío.  El cansancio usual se reflejaba en sus negras ojeras.

La calle vacía, el sonido del viento y el canto de un grillo, conformaban el patético paisaje de la ciudad de nadie.

Su mano temblorosa, buscaba el bolsillo descosido de su camisa. Media caja de cigarrillos y un par de fósforos conformaban sus pertenencias.

Se dejó caer sobre un banco de madera. Observó los  nombres grabados, las consignas de amor adornadas por corazones y aquellas memorables fechas, con una sonrisa a medio terminar. Encendió un cigarro, inhalando fuertemente, desafiando su capacidad pulmonar. Al exhalar el humo cerró suavemente los ojos.

La recordó como el primer día, cuando en ese mismo banco, a la misma hora, ella se acercó con su vestido de lunares,  sus zapatos de charol y su cabellera rojiza diciéndole: -¿Me permites un cigarrillo?.

En el verano del año 69, todavía aquel lugar podía llamarse ciudad.

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