Su nombre.


Hoy descubrí un sueño debajo de mi almohada. Llevaba su nombre. Lo tomé entre mis pálidas manos y decidí recordar:

Su nombre es de cristal de bohemia. Cristal reconstruido. Lo he quebrado una y otra vez en diferentes cielos.  Con lágrimas en los ojos, regreso. Me arrodillo y comienzo a unir lentamente cada trozo,  intentando reconstruir una historia. Siempre, resulta un laberinto. 

Con el tiempo ha perdido el brillo. Ya no puedo ver sus ojos a través del cristal. Me ha negado la mirada. Sin embargo, siento el peso de sus ojos en mi alma. Sé que tampoco vive en calma.

Su nombre se ha convertido en una esperanza inhumana.  Una esperanza que abandonó sus verdes, en el fondo de mis mares y se marchó desnuda. Una esperanza, que se rindió ante el tiempo y la distancia, para entregarse al mundo.

No obstante, cada mañana al despertar, lo recuerdo en cada uno de mis amaneceres.  Su nombre viene a mi memoria como un lejano sueño. El canto de las aves me dice que pronto estará bien.  Tengo la certeza de que esos fragmentos de cristal  roto, algún día brillarán en un séptimo cielo, convertidos en hermosas estrellas que jamás se apagarán.

 

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