Aguacero


 

Esa mañana no pudo reconocerse en el espejo. Sin embargo, tomó con desgano una taza de café y salió a la calle.

Cruzó hacia el otro extremo de la acera, intentando recordar a través del paisaje: El parque desierto. Los viejos bancos rayados. Un conjunto de neems formados en fila.   

Caminaba sin parar, buscando una asociación. Una simple analogía.  Tras el fracaso de su observación, decidió tumbarse por unos minutos bajo la sombra de un árbol aislado. Miró hacia arriba, como queriendo volar hasta la copa. De inmediato el viento comenzó a soplar. Cerró sus ojos por un instante y pudo percibir una sensación de bienestar indescriptible. Nuevamente miró a su alrededor. Flores moradas comenzaron a desprenderse. Utilizaban un vuelo de vaivén, para aliviar la caída. Flores que se venían abajo como gotas. Elevó su mirada mucho más allá y pudo contemplar el cielo.

Se levantó de inmediato, sin apartar los ojos de aquel manto gris que se formaba sobre su cabeza. En ese momento, el mundo se le desprendía encima. Pudo sentir, las primeras gotas sobre su rostro. Su mirada se nubló de inmediato. Se había desatado el aguacero. Aquellas gotas ardían en su corazón. Llovía en el hermoso paisaje y también para sus adentros.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s