Extranjero


Una noche lo vi llegar.  Vestía con sus miles de interrogantes. Sus ojos iluminados por la luna. Se acercó con su olor a madera y me dijo, quiero que seas mi país. Con un gesto asentí, sin mediar palabras. De inmediato, me desnudó con su mirada de azabache. Sus manos fueron delimitando milímetro a milímetro todas mis fronteras.

Todo país debe llevar un nombre, y fue entonces cuando me bautizó con su lengua. Su piel ardía como el fuego sobre la leña. Me recorrió entera. En cada gemido una ciudad y en cada ciudad un suspiro.

Entre caricias me dijo, quiero dejar de ser ser extranjero. Fue ahí cuando sentí la fuerza de su bandera.  Al amanecer me susurró al oído, mis brazos tus alas, mi patria tu tierra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s