Reflejo.


 

Mi ventana se convierte en espejo cada noche, cuando en ella reposa la luz de un faro proveniente de la calle. Busco mi mirada sin querer. Leo y respiro, intentando empañar la mirada que refleja la ventana.

Me miro esperando encontrar otra cosa. En ese preciso instante tropiezo con mi  mirada. Yo la veo y ella me ve.  En actitud de reclamo, me pregunta: -¿A dónde vas?

Todos mis caminos me llevan a ninguna parte. Contesto al mirarme sin hablar. Sin parpadear. Sin coquetear conmigo misma, pues sé que nunca me convencerán las respuestas que flotan en mi cabeza.

No uso máscaras para cubrir mi rostro. Busco una máscara para encubrir la mirada. Esa mirada cómplice mi corazón delator.

Cuando el enemigo vive en tu ventana y se refleja en tus ojos cada noche, es inútil luchar contar él. Sin embargo te ve, y te reta.

Rómpeme para siempre grita el corazón. Y tus oídos no lo escuchan, y tus ojos permanecen clavados en la ventana, viendo como se agrieta el maldito traidor.

Y nada le dices, mientras se desploma. Te dueles en tu ventana. Y ya nada te estremece. Ni siquiera tu mirada…Ni siquiera verte caer frente a tu propio reflejo.

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