Veneno


veneno

 

Veneno no es todo aquello que mata.

Veneno no es una pósima secreta que poseen los asesinos o suicidas.

Existe por el mundo gente que camina envenenada…

Envenenada de maldad, de odio, de envidia  y con sed de venganza.

También existen las caras dulces y risueñas con el corazón envenenado…

Rostros falsos como vajillas chinas, recubiertos de maquillaje y perfumes que no enmascaran la podredumbre de sus almas.

Existen personas con sangre A positiva, B negativa, AB positiva y O vengativa.

Nunca te fíes de las palabras bonitas y de los rostros inocentes, las apariencias solo son adornos del paisaje.

Pisa fondo, pisa hondo, pisa fuerte, porque en las profundidades, cuando llega el miedo, cuando se aproxima la asfixia y surge el desespero todas las serpientes sueltan su veneno.

-Yuraima Angulo-

 

 

 

 

 

Profundidad


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Profunda es la mujer que espera con el corazón abierto y los ojos cerrados.

Profundos los sentimientos muy arraigados que pueden florecer luego de ser arrancados.

Profunda es la noche adornada de estrellas que cubre tu rostro de luna llena.

Profundos los mares que bañan tu sombra y dejan tu cama cubierta de olas.

Profundos los labios que callan tristezas y pueden convertirlos en versos de amor y poemas.

Profundo el sol que ilumina tu cara y hace que despiertes cada mañana.

Profundas las manos llenas de amor y caricias, que traen a casa el pan de cada día.

Profundas las almas que en Dios confían que inician su día con mucha alegría.

-Yuraima Angulo-

Te busco


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Te busco entre mis páginas de amor y melancolía

Te busco entre las olas de un mar de fantasía

Te busco cada noche entre sueños y desvelos

Te busco a mi lado y sólo veo tu cuerpo:

Dormido.

Ausente.

Ya no vuelo en tu mente:

Real.

Desnuda.

Regreso del invierno

Como salida de una tumba

Te acaricio con mi pluma

Aunque esta vez

sólo sea sobre papeles

Mientras que despierto

para darme cuenta

de que te he perdido…

Decir adiós


No quiero cerrar los ojos
no quiero que el sueño se apodere de mí
para no volar hasta ti
y tus recuerdos revivir.

Solo quiero vomitar tus duras palabras
con un puñal las sacaría del alma
para no volver a sentir
esa pena que me hace sufrir.

Dolor profundo
dolor intenso
que no se calma
ni con arrepentimiento.

Amor degollado
tendido en el fango
amor traicionado
con tus celos amargos.

La vida pasa
las heridas quedan
el dolor se borra
cuando el amor se entierra…

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Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?


Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado? Fueron las últimas palabras de ese hermoso Cristo sangrante en el madero de la cruz, y dicho eso expiró… Si el Dios vivo bajado del cielo y hecho hombre, sufrió en carne propia el desprecio de los suyos, ¿qué podemos esperar nosotros? No hay nada más triste que el sufrimiento que nos proporciona la gente que amamos. Las palabras hirientes a veces son peores que una bofetada y más aún si van acompañadas de acciones despectivas… Jesús padeció el desprecio de los suyos, el abandono de aquellos mismos que alguna vez lo alabaron entre palmas y gritos de gloria. Esa misma multitud que clamaba “Hossanna al hijo de David” fue la misma que gritaba: ¡Crucifícalo! pidiendo la libertad de Barrabás el peor de los criminales. Así murió el “cordero” cayendo muchas veces de rodilla delante de la multitud… Murió en manos de los suyos…
Así también morimos muchos, en manos de las personas que amamos, cuando lentamente y de la manera más cruel crucifican nuestros sentimientos, con palabras que son como clavos, con miradas que son como lanzas.
Jesús te pido en esta noche que no nos dejes caer, y si alguna vez caemos, envíanos pronto ese cirineo que nos ayude a levantar en la brevedad posible.
A veces me pregunto el por qué de tanta maldad en este mundo tan inhumano. Se ha perdido el amor, la caridad, la entrega y podemos ver con frecuencia aquellas personas que disfrutan del mal ajeno y se alimentan de ese veneno tan amargo como lo es la desgracia del prójimo… También te pido por ellos Jesús, perdónalos porque no saben lo que hacen.
Esa historia de hace más de dos mil años se repite día a día en nosotros… En ese Cristo que llevamos dentro, porque queramos o no, somos ese producto de la creación; hechos a imagen y semejanza de ese Dios que nos hizo carne para poblar la tierra.
Algunos nacieron para sufrir en silencio, otros simplemente lo escribimos para no alimentar el rencor y darle salida a ese dolor que tanto destruye el alma.
Escribir es mi forma de gritar: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? y por último te pido: “No me dejes caer“.

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Dar gracias.


“Agradecer” significa apreciar todo lo que recibes. Valorar lo que se tiene; y no sólo las cosas buenas: los detalles, una sonrisa, la atención, las cosas materiales… Significa también agradecer a Dios y a la vida por nuestras tristezas, las decepciones, las caídas, las enfermedades, los fracasos; porque de un modo u otro nos sirven de aprendizaje. Todas estas vivencias sirven para nuestro crecimiento personal.
Dar gracias por la vida, por respirar el aire fresco, por nuestro prójimo, por nuestra familia, por las personas que nos aman y también por aquellas que no nos toleran.
La gratitud es más que una plegaria elevada al cielo.
Gracias a Dios por este hermoso día y gracias a ti por dedicar un minuto de tu tiempo en leer esta breve reflexión.

“La gratitud es la memoria del corazón”

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